Voy a tener que enviarlo a un largo viaje; que desaparezca discretamente, sin tener que dar explicaciones.
¡Mira que me gusta poco pelearme con los personajes! Lo evito, sobre todo después de que aquel matón de mi primer cuento negro, me dejará dos costillas rotas y una hemorragia interna en la imaginación. Si alguno prefiere no hacer algo, lo considero, me lo planteo. Admito alternativas. Pero uno debe dominar, debe poder hacer algo acorde a sus impulsos, a su verdad, una obra no puede ser resultado de concesiones y pactos. Y lo que este muchacho me pide es inaceptable. Lo que a él le ocurre, impulsa la creación, provoca los cambios, agita. No es que le culpe. Culpa no puede tener, pero eso no impide que no le soporte.
Se opone a todo lo que pretendo. Que él ve que la historia tiene un rumbo muy malo para él, me dice. Que él tiene grandes ideas, grandes proyectos. No se conforma con la resistencia pasiva, no, no le basta con no dejarme continuar la historia. Se mete en mi cabeza, no me deja descansar. Hasta en mis sueños irrumpe.
Que egoísmo solo pensando en él y no en los demás personajes, que dependen de lo que a él le pase. Y mucho menos piensa, y esto es gravísimo, mucho menos piensa en la historia. Si está necesita de su sufrimiento o es conveniente que su papel en ella sea un asco, pues lo tiene que aceptar, y con alegría, porque gracias a eso existe, porque ese es su sentido, su razón de ser, y con ello me ayuda a que algo nazca, juntos engendramos. Pero no, él no. ¿No ve que es lo mejor, que si le dejo a su libre albedrío aquello desembocará en un absurdo, o lo que es peor, en algo complaciente, aburrido, plano, sin filo, sin alma? ¿No ve que se cuanto más independiente más pequeño? Creaciones que pretenden dominar a su autor... No, es algo que no se puede consentir. No solo por mí, se correría la voz, sería una revolución. Todos los creados querrían cumplir sus deseos. Al principio buscarían al autor que más les conviniera, pero más tarde se olvidarían de todos autores, gritarían que el autor ha muerto, ¡Quememos las fotos de las solapas! ¡Somos libres! Sí, claro, libres. Buscarían aliarse entre con aquellos con historias compatibles, pero no tardaría mucho en aparecer irresolubles desacuerdos sobre el futuro de la historia. Lucharían entre ellos para lograr el poder que les permita escribir su destino e incluso intentarían cambiar lo ya escrito. Y todo sería un caos. Un caos muy feo.
No puedo con él. Intento reconducir la historia a la fuerza, trato de sacar partido a la tensión de la lucha, a su desespero y a mi resolución. Pero hay algo, dentro de mí, que me impide seguir sin torpeza y sin sentirme demasiado involucrado. Me pongo de los nervios y me agoto. Hay momentos, te lo aseguro, que se me quitan las ganas de crear.
martes, 19 de enero de 2010
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