domingo, 12 de septiembre de 2010

Todos eran mis hijos

El principal impulsor del argumento de “Todos eran mis hijos” es la crítica del provecho miserable que algunos empresarios obtuvieron haciendo negocios en tiempos de guerra. Pero, como gran obra que es, trata otros muchos aspectos: la infinita capacidad de justificación humana de las peores acciones, la capacidad de aunar los mejores y peores sentimientos, la dificultad de aceptar las verdades más dolorosas, la hipocresía social por interés o para evitar el insoportable conflicto, la forma de buscar elementos que confirmen que nuestras particulares visiones son acertadas, el situar por encima lo práctico de lo humano, y la visión incrédula de quien viene de la perversa trascendencia de la guerra y ve que su lucha no ha servido para cambiar el mundo al que retorna. Obra llena de tensión, dolor, culpa e insatisfacción, pero escrita aun con una pequeña en el futuro.

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