Es poco probable que alguien llegue a considerar a The
Imitation Game como su película favorita. Qué alguien sienta una conexión
especial con ella. Es también poco probable que la crítica la califique como
una de las mejores del año, porque carece de algo innovador o único en el
aspecto artístico, porque no tiene un toque de autor, porque no posee nada especialmente
nuevo en su forma de contar. Y sin embargo estoy seguro que la inmensa mayoría
de personas que la vean pensarán que es una muy buena película.
Porque, como si fuera una obra de Alan Turing, el matemático
en quien se basa la historia, en una creación concebida con gran inteligencia y
cuya ejecución es precisa e infalible. Nada le sobra, es entretenida,
interesante. Sus diálogos son fluidos e ingeniosos y su reparto es magnífico,
liderados por su protagonista, el cual tenía medio trabajo hecho antes de
empezar la película por las similitudes de este personaje con el también genial,
aspérgico y sensible Sherlock. Y su riguroso control y milimetrado cálculo no provocan
que tengan frialdad maquinal. Su inteligencia es humana no artificial.
Estupenda película que se puede recomendar sin dudar, que no
será la favorita de la crítica pero que seguramente ganará uno o varios Oscars.
Y además transmite bien algunos buenos mensajes: se debe respetar a los
diferentes, es muy importante aprovechar el talento, decisiones lógicas,
aparentemente faltas de sensibilidad, puede generar muchos más beneficios que
las buenas intenciones y aquellos de quienes menos se espera son los que pueden
realizar los actos más sorprendentes.
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