Sugerencias

sábado, 3 de enero de 2015

Dos días una noche

Me gustan las películas que invitan a hacerse preguntas. Ya hay demasiado respuestas fáciles que se ofrecen en los medios de comunicación o en las redes sociales. Respuestas a las que es fácil adherirse, respuestas simples, que evitan el incómodo proceso de formarse una opinión propia, opinión que además, si uno hace una honesta reflexión podrían resultar frágiles y ambiguas.
Y si las películas no solo invitan sino que obligan a hacerse preguntas casi que me gustan más. Eso es lo que ocurre con dos días y tres noches. Nos obliga a pensar que haríamos nosotros en la situación que plantea. Nos hace ponernos no sólo en el papel de la frágil trabajadora (maravillosamente interpretada), que lucha durante un fin de semana con todas las fuerzas que tiene, y con las que le inyectan aquellos que se ponen de su lado, para convencer a sus compañeros. Debe conseguir que renuncien a una paga extra, con la que contaban y que tan importante es dado su bajo salario, para que ella pueda seguir trabajando en la empresa.
También debemos ponernos en el papel de aquellos que deben decidir sobre su futuro. Jueces que no son juzgados en la película. Al menos no en su mayoría, sólo a uno se le muestra malintencionado, a otro estúpido, y a una tercera completamente banal. Pero los demás tienen sus razones, que cada uno las valore. Y también, aunque sólo se nos muestren unos instantes, vemos las emociones que les afectan y las actitudes con las que afrontan la decisión: Arrepentimiento, agradecimiento, cobardía, miedo, generosidad, comprensión, lástima, culpa.
No son sólo preguntas ligadas a la historia las que se sugieren. Hay otras más generales que nos afectan a todos, y que podríamos plantearnos: ¿Tener o compartir? ¿Qué es necesario? ¿Mi decisión cambia algo? ¿Y si los demás siguen igual haga yo lo que haga? ¿De verdad servirá mi ayuda? ¿Soy realmente libre para decidir? ¿Merece la pena luchar cuando la derrota parece segura?

Las preguntas…incómodas, difíciles. Tan poco convenientes para tener claridad y seguridad. Tan necesarias para comprender. 

viernes, 2 de enero de 2015

The imitation game

Es poco probable que alguien llegue a considerar a The Imitation Game como su película favorita. Qué alguien sienta una conexión especial con ella. Es también poco probable que la crítica la califique como una de las mejores del año, porque carece de algo innovador o único en el aspecto artístico, porque no tiene un toque de autor, porque no posee nada especialmente nuevo en su forma de contar. Y sin embargo estoy seguro que la inmensa mayoría de personas que la vean pensarán que es una muy buena película.
Porque, como si fuera una obra de Alan Turing, el matemático en quien se basa la historia, en una creación concebida con gran inteligencia y cuya ejecución es precisa e infalible. Nada le sobra, es entretenida, interesante. Sus diálogos son fluidos e ingeniosos y su reparto es magnífico, liderados por su protagonista, el cual tenía medio trabajo hecho antes de empezar la película por las similitudes de este personaje con el también genial, aspérgico y sensible Sherlock. Y su riguroso control y milimetrado cálculo no provocan que tengan frialdad maquinal. Su inteligencia es humana no artificial.  

Estupenda película que se puede recomendar sin dudar, que no será la favorita de la crítica pero que seguramente ganará uno o varios Oscars. Y además transmite bien algunos buenos mensajes: se debe respetar a los diferentes, es muy importante aprovechar el talento, decisiones lógicas, aparentemente faltas de sensibilidad, puede generar muchos más beneficios que las buenas intenciones y aquellos de quienes menos se espera son los que pueden realizar los actos más sorprendentes. 

lunes, 31 de marzo de 2014

EL GRAN HOTEL BUDAPEST
Fui a ver esta película pensando que tendría el encanto habitual de las películas de Wes Anderson. Pero no...tiene mucho más encanto que el habitual, más humor, más entretenimiento, más de todo.
Una película que el director realiza con el mismo cuidado y la misma pasión por su trabajo que el del sus dos protagonistas. Caballero y escudero en busca de un mundo más civilizado y por ello más hermoso.
Como todo reino mítico, el Grand Hotel Budapest, puede resistir poco tiempo la humana capacidad destructiva, pero por un breve y brillante momento demuestra lo que se puede conseguir con una entrega y exquisita búsqueda de la belleza.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Extracto de la entrevista con el superhéroe el Justiciero, publicado en el Herald Tribune el 29 de Febrero de 2004.

- ¿Ha sentido siempre odio por sus enemigos?
- No, no es tan fácil. Una vez tuve que enfrentarme con un tipo que tenía una doble personalidad. Una era un tipo extraordinario, generoso, agradable, honesto, la otra le convertía en el mayor hijo de perra que he conocido, sucio, miserable, cruel…No, no tiene nada que ver con Mr. Hyde, él no tomaba ninguna pócima, ni mierda similar…le venían, a veces una a veces otra. No es fácil odiar a un tipo así, no a todo él, pues las dos personalidades por diferentes que fueran, salían de él…de su cuerpo…el hijoputa y el gran hombre tenían los mismos ojos, hablaban con la misma voz…Yo le odiaba en parte, por lo que hacía como hijoputa, pero no podía extender el odio a todo él…no debía…
Una vez, coincidimos y estaba en plan hijoputa y le metí una paliza que le dejé medio muerto…si entonces actué con odio, en ese momento…al final de la paliza me di cuenta que había cambiado, que me miraba con sus ojos bondadosos…sí quizá hubiera cambiado antes del final de la paliza, durante…no lo sé, estaba un poco cegado en ese momento…espero que no me guarde rencor…su parte buena claro…ambas, él, quiero decir, está ahora en la cárcel.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Todos eran mis hijos

El principal impulsor del argumento de “Todos eran mis hijos” es la crítica del provecho miserable que algunos empresarios obtuvieron haciendo negocios en tiempos de guerra. Pero, como gran obra que es, trata otros muchos aspectos: la infinita capacidad de justificación humana de las peores acciones, la capacidad de aunar los mejores y peores sentimientos, la dificultad de aceptar las verdades más dolorosas, la hipocresía social por interés o para evitar el insoportable conflicto, la forma de buscar elementos que confirmen que nuestras particulares visiones son acertadas, el situar por encima lo práctico de lo humano, y la visión incrédula de quien viene de la perversa trascendencia de la guerra y ve que su lucha no ha servido para cambiar el mundo al que retorna. Obra llena de tensión, dolor, culpa e insatisfacción, pero escrita aun con una pequeña en el futuro.

domingo, 22 de agosto de 2010

El Origen

Lo más interesante para mí de origen, no es la odisea de los onironautas en tierra hostil. La historia es complicada, inteligente y muy entretenida, pero un tanto tramposa, ya que para disfrutarla tenemos que aceptar que algo tan ingobernable y caótico como son los sueños se rigen por unas normas muy convenientes para tejer la narración y crear espectáculo. Lo más interesante es aquello a lo que se refiere el título, el Origen, el nacimiento de las ideas primarias que conducen nuestro pensamiento y comportamiento, la posible manipulación de las mismas, y el más que posible engaño que nos hacemos al calificar ideas como propias. ¿Somos autores de lo que pensamos, o solo desarrollamos ideas que nos han sido inducidas? Yo no elegiría solo una de las dos posibilidades. Somos autores de algunas de nuestras ideas, pero no es tanto nuestra mente la que las crea: emociones vividas, experiencias memorables por magníficas o penosas, impulsos inconscientes, son los orígenes que mueven a nuestro cerebro a construir una arquitectura de pensamientos que den apoyo y justifiquen las peticiones de esos orígenes, el cerebro hace de escritor “negro” que intenta crear una buena historia cumpliendo las condiciones que le son marcadas.Por otra parte, otras muchas ideas irrumpen desde el exterior, inyectadas por la cultura, los valores y prejuicios de la sociedad, la religión, la enseñanza, la cultura. Y es posible la manipulación, el convertirnos en personajes que se mueven como otros desean que lo hagamos, mientras nos creemos libres y orgullosos de nuestra voluntad. Y más interesante que buscar cual es el origen de lo que pensamos, (lo que puede ser necesario para resolver problemas psicológicos), me parece el hecho de poner en duda el origen de nuestras ideas, para tener un motivo más, poderoso, para cuestionarse nuestro pensamiento. Pensar que seguramente nuestras ideas no sean nuestras, puede hacernos sentir menos apego por ellas, y no darles más valor que el que tienen las ajenas.

martes, 19 de enero de 2010

Sin historia

Voy a tener que enviarlo a un largo viaje; que desaparezca discretamente, sin tener que dar explicaciones.
¡Mira que me gusta poco pelearme con los personajes! Lo evito, sobre todo después de que aquel matón de mi primer cuento negro, me dejará dos costillas rotas y una hemorragia interna en la imaginación. Si alguno prefiere no hacer algo, lo considero, me lo planteo. Admito alternativas. Pero uno debe dominar, debe poder hacer algo acorde a sus impulsos, a su verdad, una obra no puede ser resultado de concesiones y pactos. Y lo que este muchacho me pide es inaceptable. Lo que a él le ocurre, impulsa la creación, provoca los cambios, agita. No es que le culpe. Culpa no puede tener, pero eso no impide que no le soporte.
Se opone a todo lo que pretendo. Que él ve que la historia tiene un rumbo muy malo para él, me dice. Que él tiene grandes ideas, grandes proyectos. No se conforma con la resistencia pasiva, no, no le basta con no dejarme continuar la historia. Se mete en mi cabeza, no me deja descansar. Hasta en mis sueños irrumpe.
Que egoísmo solo pensando en él y no en los demás personajes, que dependen de lo que a él le pase. Y mucho menos piensa, y esto es gravísimo, mucho menos piensa en la historia. Si está necesita de su sufrimiento o es conveniente que su papel en ella sea un asco, pues lo tiene que aceptar, y con alegría, porque gracias a eso existe, porque ese es su sentido, su razón de ser, y con ello me ayuda a que algo nazca, juntos engendramos. Pero no, él no. ¿No ve que es lo mejor, que si le dejo a su libre albedrío aquello desembocará en un absurdo, o lo que es peor, en algo complaciente, aburrido, plano, sin filo, sin alma? ¿No ve que se cuanto más independiente más pequeño? Creaciones que pretenden dominar a su autor... No, es algo que no se puede consentir. No solo por mí, se correría la voz, sería una revolución. Todos los creados querrían cumplir sus deseos. Al principio buscarían al autor que más les conviniera, pero más tarde se olvidarían de todos autores, gritarían que el autor ha muerto, ¡Quememos las fotos de las solapas! ¡Somos libres! Sí, claro, libres. Buscarían aliarse entre con aquellos con historias compatibles, pero no tardaría mucho en aparecer irresolubles desacuerdos sobre el futuro de la historia. Lucharían entre ellos para lograr el poder que les permita escribir su destino e incluso intentarían cambiar lo ya escrito. Y todo sería un caos. Un caos muy feo.
No puedo con él. Intento reconducir la historia a la fuerza, trato de sacar partido a la tensión de la lucha, a su desespero y a mi resolución. Pero hay algo, dentro de mí, que me impide seguir sin torpeza y sin sentirme demasiado involucrado. Me pongo de los nervios y me agoto. Hay momentos, te lo aseguro, que se me quitan las ganas de crear.