Me gustan las películas que invitan a hacerse preguntas. Ya
hay demasiado respuestas fáciles que se ofrecen en los medios de comunicación o
en las redes sociales. Respuestas a las que es fácil adherirse, respuestas
simples, que evitan el incómodo proceso de formarse una opinión propia, opinión
que además, si uno hace una honesta reflexión podrían resultar frágiles y ambiguas.
Y si las películas no solo invitan sino que obligan a
hacerse preguntas casi que me gustan más. Eso es lo que ocurre con dos días y
tres noches. Nos obliga a pensar que haríamos nosotros en la situación que
plantea. Nos hace ponernos no sólo en el papel de la frágil trabajadora
(maravillosamente interpretada), que lucha durante un fin de semana con todas
las fuerzas que tiene, y con las que le inyectan aquellos que se ponen de su
lado, para convencer a sus compañeros. Debe conseguir que renuncien a una paga
extra, con la que contaban y que tan importante es dado su bajo salario, para
que ella pueda seguir trabajando en la empresa.
También debemos ponernos en el papel de aquellos que deben
decidir sobre su futuro. Jueces que no son juzgados en la película. Al menos no
en su mayoría, sólo a uno se le muestra malintencionado, a otro estúpido, y a
una tercera completamente banal. Pero los demás tienen sus razones, que cada uno
las valore. Y también, aunque sólo se nos muestren unos instantes, vemos las
emociones que les afectan y las actitudes con las que afrontan la decisión: Arrepentimiento,
agradecimiento, cobardía, miedo, generosidad, comprensión, lástima, culpa.
No son sólo preguntas ligadas a la historia las que se
sugieren. Hay otras más generales que nos afectan a todos, y que podríamos
plantearnos: ¿Tener o compartir? ¿Qué es necesario? ¿Mi decisión cambia algo? ¿Y
si los demás siguen igual haga yo lo que haga? ¿De verdad servirá mi ayuda?
¿Soy realmente libre para decidir? ¿Merece la pena luchar cuando la derrota
parece segura?
Las preguntas…incómodas, difíciles. Tan poco convenientes
para tener claridad y seguridad. Tan necesarias para comprender.