jueves, 13 de agosto de 2009

Con voz propia

Un día perdió su voz. Fue tras una experiencia muy desagradable: se atrevió a decir algo íntimo, y no le comprendieron, ni lo intentaron, le miraron raro. Para poder comunicarse consiguió imitar otras voces. Eran voces que apenas se parecían a la suya, algo maquinales, pero que no causaban rechazo, aunque tampoco ganaban simpatías valiosas. Hasta que la conoció y sintió tantas ganas de expresar algo muy íntimo, que sentía, o creía sentir, muy fuerte, muy dentro. Lo quiso decir a su manera. Su impulso se vio reforzado al pensar que ella deseaba mucho escucharle. Y recuperó su voz. Se sintió muy bien, al escuchar su propio timbre. Ella no le comprendió, aunque un poco lo intentó, le miró raro, pero él no volvió a perder la voz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario