domingo, 16 de agosto de 2009
Sirena
Seguían el canto de una sirena, pero era el canto sin emoción, monótono, de una sirena rutinaria. Una sirena que solo atraía a personas sin entusiasmo que se movían con el cansancio de quien ha sido arrancado de sus sueños, viajeros, que no al tener a su alcance destinos prometedores, se sacrificaban a cambio de la gris recompensa que la sirena les sugería. Era una sirena sin magia en la voz, sin alegría ni dolor, sin culpa ni vanidad, que cantaba igual cada día, nevara o hiciera sol, que no deseaba modificar su canto, ni para mejorarlo ni para expresar algo distinto. Era lo que podíamos llamar una sirena de fábrica.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario